En los albores de la aviación pilotos argentinos y chilenos se esforzaron por vencer ese gran relieve que separa ambas naciones: la Cordillera de Los Andes. El ingeniero argentino Jorge Newbery lanzó la idea de emular a los próceres San Martín y O´Higgins quienes, a la cabeza del Ejército Libertador, cruzaron la cordillera a la altura de Mendoza. Por ello en 1913 se dictó en Chile una ley que premiaba con una medalla y $50.000 para quien lograra primero la misión de cruzar Los Andes por su parte más alta. El 13 de abril de 1918, Luis Candelaria, teniente del Ejército argentino, a bordo de un Morane-Saulnier, cruzó la cordillera austral entre Zapala y Cunco, alcanzando los cuatro mil metros de altitud, siendo reconocido como aviador militar en su país, sin embargo las altas cumbres de Los Andes no habían sido vencidas aún. Ese mismo año, como compensación por la incautación de buques de guerra construidos para Chile en Inglaterra al estallar la Gran Guerra en 1914, nuestro país recibió de ese país seis monoplanos Bristol M 1C, con motor Le Rhone de 110 HP,  que alcanzaba los 200 km por hora, y que fueron destinados a la Escuela de Aeronáutica Militar. Allí el teniente Dagoberto Godoy voló estas nuevas máquinas el 29 de noviembre y el 3 de diciembre alcanzando los 1800 y 3800 metros de altura respectivamente. El 10 de diciembre logró una altura de 5.500 metros por lo que fue autorizado para efectuar el vuelo sobre la cordillera.

Dagoberto Godoy nació en Temuco en 1893 e ingresó a la Escuela Militar en 1910 de donde egresó como oficial del arma de Ingenieros. En 1916 fue transferido a la Escuela de Aeronáutica Militar con el rango de Teniente 1º de Ejército.  A las 5:05 horas del 12 de diciembre de 1918 despegó en su Bristol M 1C Nº C4988 elevándose en espiral hasta los 4.000 metros y virando al Este, desapareciendo tras la cumbre del Tupungato. El techo de vuelo de su aeronave eran los 5.000 metros pero Godoy remontó hasta los 6.300 marcando la aguja del altímetro fuera del margen del instrumento. Con una velocidad de 180 km por hora, el piloto iba en su cabina descubierta indefenso ante las bajas temperaturas,  15º a 20º bajo cero, y no contaba con oxígeno. Volando sobre las nubes vio aparecer la cima del Aconcagua y sintió el crujido de la estructura de su avión y los tensores de sus alas. Al cruzar la frontera decidió planear pero el motor se detuvo y debió usar la bomba de combustible manual. Al descender, ráfagas de viento jugaron con el aeroplano casi sin control, pero a los 2.000 metros divisó el río Mendoza y siguiendo su curso buscó la ciudad para aterrizar en el aeródromo militar de Tamarindos. Una densa bruma y la falta de gasolina lo obligaron a planear más al oriente hasta un lugar llamado Lagunitas, donde estrelló el tren de aterrizaje, la hélice y el ala de estribor contra una alambrada. Una vez en Mendoza se presentó ante el cónsul de Chile y las autoridades de la ciudad a quienes dio a conocer su proeza. A su regreso fue distinguido con el grado de Capitán de Ejército. Muchos años después, en 1956, la república Argentina le concedió el título de Aviador Militar Honoris Causa. Al año siguiente la Fuerza Aérea de Chile le concedió el grado de General de Brigada Aérea. Dagoberto Godoy falleció en Santiago en 1960.

Al cruzar por vez primera la Cordillera de Los Andes, por su parte más alta en una aeronave más pesada que el aire, el teniente Dagoberto Godoy consiguió una hazaña de carácter mundial, concretando el anhelo de pilotos trasandinos y chilenos, convirtiéndose en un hito de la Historia de la Aviación. En su recuerdo el 12 de diciembre se conmemora en Chile el Día de la Aeronáutica Nacional.

La Historia es nuestra y la hacen los Pueblos

Jorge Alejandro Araya Moya  Profesor de Historia y Geografía