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Opinión: Chile despertó; ¿Y el fútbol cuándo?

Nadie que quiera hacer un análisis serio de nuestra historia, podrá decir que Chile no cambió en los últimos 50 años, como punto de inicio. Luego, se podrá discutir si cambió para mejor o no, pero con rigurosidad científica, leyendo cifras oficiales y reconocidas internacionalmente, se puede asegurar que el porcentaje de chilenos que vive en la pobreza disminuyó desde el año 90 a la fecha, que el nivel educacional del chileno aumentó, y que en definitiva los chilenos somos “más ricos” que entonces. Es esperable que cuando un país “crece”, las actividades al interior de él también lo hagan, y entonces deberíamos dar por hecho que la educación, la ciencia, la seguridad, es decir la sociedad toda, también ha “crecido” junto con el país, y dentro de esta sociedad evidentemente hay que incluir al deporte. Pero curiosamente vemos que en esta actividad a nuestro país lo van superando países supuestamente “más pobres”: a la permanente superioridad cubana, ahora se van sumando los venezolanos, los colombianos y también los ecuatorianos y dominicanos, que galopan cada vez con más fuerza en el concierto panamericano.

Hoy es fácil argumentar que tal desarrollo no fue tal, salvo para unos pocos, y que nuestra sociedad si bien es distinta, es también altamente desigual, donde los más ricos están cada vez más alejados del resto de la población, y siguen aumentando su poder. Y el fútbol es una fiel muestra de ello, especialmente desde que se impusieron las llamadas SADP (Sociedades anónimas deportivas profesionales) allá por el 2005: los clubes tienen ahora un mayor ordenamiento administrativo, no se ven los problemas de sueldos impagos en el volumen que se veía antes, y muchos han mejorado su infraestructura con nuevos campos de entrenamientos; pero a la vez, el control ya no está en los “socios”, sino en los accionistas, y los accionistas mayoritarios son siempre “destacados empresarios”, muchos de ellos con discutibles curriculums por falta de probidad, al menos; también destacan personeros ligados al mundo político, lo que reafirma la alta concentración del poder que existe en nuestro país, la que también se proyecta a los clubes del fútbol chileno.

Este encuentro que se da en el fútbol entre el poder económico y el político, ha posibilitado por ejemplo que el Estado chileno les construyera estadios de primer nivel en todas las ciudades donde hay futbol “profesional”, entregándoselos en comodato incluso en desmedro de las comunidades del entorno (caso de Audax Italiano y la Municipalidad de La Florida) y pareciera que a cambio de ello, La Moneda se siente con derecho de influir en las elecciones de las principales autoridades de la ANFP. De esta manera, se cierra el círculo y nuestro fútbol pertenece y es manejado por los mismos grupos que son dueños y manejan a su antojo nuestro país.

Al haber esta complicidad, el fútbol chileno se transformó en una especie de “mini mí” de la sociedad chilena, reflejándose una serie de situaciones que en cualquier país sano sería al menos cuestionada si no investigada: recuerdo el cobro que se le hizo a Deportes Valdivia para ingresar a la segunda división (ahora llamada primera “B”); las truculentas negociaciones para la compra-venta del “Canal del Futbol”; la elección de un presidente como Sebastián Moreno, que arrastraba problemas legales desde su trabajo en CODELCO; la elección de su reemplazante, un ex personero del gobierno de turno…

Y hoy se vive una situación que debería ser un escándalo, cuando Colo Colo decide por su cuenta suspender su partido contra Antofagasta, aduciendo que un dirigente que viajó a Brasil en el último viaje del club por la Copa Libertadores, desmintiendo la SEREMI de Salud que haya sido una decisión de su parte. Hay un protocolo muy claro que indica que en caso de haber un jugador contagiado (jugador, no dirigente) se debe reemplazar por un jugador juvenil, y que el partido se debe realizar, ya que la responsabilidad del cuidado y prevención de sus planteles corresponde a los clubes, y ante situaciones como esta Santiago Morning, Puerto Montt y el mismo Antofagasta, reemplazaron al jugador y salieron a la cancha. Pasan las horas y ante la aclaración de la autoridad sanitaria, y el silencio de la ANFP, queda más claro que el club “grande” en Chile hace lo que quiere, incluso por sobre la autoridad política, lo mismo que en las otras áreas de nuestra sociedad.

Quizás haya una sanción más tarde, aunque no se ve por dónde, pero queda claro que en nuestro fútbol el deporte como tal está en segundo plano, y lo que prevalece es lo económico, y capaz que esa sanción sea tan leve como la que reciben los poderosos económicos de nuestro país: una charla de ética en alguna universidad de su entorno social, por ejemplo.

Los clubes en relación al 2005 no han tenido mayores éxitos deportivos, no han mejorado en forma destacable su infraestructura (salvo lindos campos de entrenamientos), solo se ha mejorado, al parecer, en el pago de sueldos al día; pero los manejos mañosos siguen presentes, quizás peor que antes, algunos accionistas contralores tienen problemas con la Superintendencia por préstamos irregulares que hacen a sus sociedades, y hay rumores que al menos una de las más importantes, como Blanco y Negro estaría en peor situación económica y tributaria que cuando se solicitó la quiebra del Club Deportivo Colo Colo. También se critica mucho a las barras bravas y cada cierto tiempo se mencionan los líos con la justicia que tiene algunos de los líderes de estas, pero al mismo tiempo se omiten los prontuarios, en algunos casos muy extensos, de los algunos de los empresarios dueños de estas SADP, ya sea por problemas económicos u otros. Es decir, tal como pasa “en la vida”, donde al pobre se le deja caer todo “el poder de la justicia”, y al rico o poderoso se le deja negociar o se le sanciona con penas sospechosamente muy leves.

Parece que a nuestro fútbol le hace falta un “despertar” como el estallido social de Octubre del año pasado, y refundarlo desde sus cimientos. Si es que quiere seguir siendo el deporte “popular”.

Luis Miguel Retamales C., director y conductor del programa político “Sin Restricciones”

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